CRITICAS


Al estudiar, minuciosamente, el curriculum de esta muy reconocida artista de Guatemala, se siente una verdaderamente abrumada, por la actividad pictórica mantenida por ella durante los 25 años de su incansable producción, que va desde el año de 1980 al actual año de 2005.
Precisamente, en 1976 el año en que sintió el llamado del arte y que comenzó a recibir clases de pintura con Miguel Ángel Ríos (+), quien la formó no solo en su técnica sino en su pensamiento artístico según palabras de la propia artista, a la que indicaba y recordaba constantemente, que nunca debía dejarse llevar por ninguna línea extraña ni vanguardista, sino solo por su propio sentir y pensar. Sabio consejo.
Josefina Alonzo De Rodriguez

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La obra de Elsie, dentro del naturalismo, no se ajusta a la verdad concreta del paisaje. Es un punto de partida solamente. Construye sus composiciones ama-rradas al impacto sensible de la naturaleza . Racionaliza, sublimiza el objeto a fin de llegar al encuentro de un arte sin compromiso que emergiendo de sí misma y de la naturaleza, se recrea en la propia intuición, en la sensibilidad del color y en el deseo vehemente de hacer arte. El arte no afianza su calidad porque se le llame "contemporáneo, moderno o abstracto: naturalista, surrealista o concerptual" ARTE es sencilla y valorísticamente ARTE. El arte de Elsie es no tanto lo que se mira sino lo que se pueda ver. Esto para mí, es lo más importante. Elsie desea caminar en serio y puede hacerlo porque tiene : Sensibilidad colorística, intuición, pasión por la pintura y actualmente trabaja en la alquimia de la técnica. Siga entonces Elsie, dialogando con la naturaleza, con la vida, con el arte, con el tiempo, consigo misma, en fin, con todo aquello que sustantive el término ars gratia artis (el arte por el arte, que sumado a la pasión, abre el horizonte del gran camino.

Elmar Rojas
Guatemala mayo de 1996


Mientras el ser humano desde las trincheras del progreso se preocupa y ocupa en transformar, contaminar y destruir la naturaleza sin aceptar ni respetar protocolos de Kyoto y llamados de auxilio ecologista, Hélice se involucra en una misión más alta y gratificante: recrearla. Ha refinado los matices de tanto acariciarlos con los dedos, los azules son cielos inventados y en la penumbra de planos sugeridos parpadea la presencia del átomo y la galaxia. Suelta hojas recién nacidas o doradas en el fuego del atardecer a navegar en submundos de sueño líquido en bsca de catedrales sumergidas imaginadas por Debussy en otras latitudes.

Marco Augusto Quiroa
Guatebuenita, mayo de 2001


Con modesta pero firme convicción, sin más pretenciones que las que concede un trabajo honesto de agradable sensibilidad, Hélice presenta una colección de pinturas de apacible e íntima emoción. Sus ojos e imaginación se recrean y regocijan ante la sinfonía de valor tonales que la naturaleza, en su sabia y rítmica armonía distribuye amorosamente ante quienes poseen un espíritu contemplativo y sienten con admiración el sublime encano de su infinita belleza. Este paisaje intimista, casi subjetivo, por su economía compositiva, la sobriedad de los espacios tonales y su contenido anímico, obviando los detalles urbanos, se acerca temerariamente la abstracción, cuando reconocemos como abstracción la síntesis, la esencia, no la descripción superficial de los elementos que conducen la sensibilidad de la artista hacia un concepto claro, preciso, para definir y plantear sus argumentos plásticos, evitando los enigmas y mixtificaciones que requieran abogados literarios para defenderse.

César Izquierdo
Guatemala, mayo 1997


Elsie de Wunderlich y su fervor por la naturaleza:

Si en algo se caracteriza y se hace inconfundible la pintura de Elsie de Wunderlich, es en su honestidad para consigo misma, o sea, es ella, es auténtica, no se traiciona, tiene su personalidad. Cada artista tiene su propia manera de ver las cosas y dentro de esa amplitud, dentro de esa libertad, crea su mundo y lo expresa sin limitaciones procurando compartir su emoción, su mensaje, con todos, sin distinción. Viendo su obra se da uno cuenta de su fervor y su devoción por la naturaleza. Se solaza con el paisaje y se percibe el gozo que siente por la frescura del rocío, los reflejos en el agua, el olor a la tierra mojada y a maderas silvestres. Más bien, su mensaje, podría ser llamado a la defensa del medio ambiente, tal su carácter bucólico, tal su delicadeza poética, que para mí, está íntimamente relacionada con esos versos maravillosos de Diéguez Olaverri: "Las tardes de abril". Su trabajo es de recreación, es decir, no copia literalmente el motivo sino lo somete a una transmutación de valores donde quita, agrega, reduce, yuxtapone los tonos, en fi, hay una buena dosis de subjetividad, condición sin la cual, no es posible lograr el fenómeno poético. La naturaleza es para ella objeto y sujeto a la vez. Su sensibilidad para el color, la fineza de sus texturas e concluyente y demuestra una elegancia y una delicadeza que culmina en una gran fuerza lírica.

Roberto González Goiry

La mirada del artista hacia la realidad no es cualquier mirada. Los sentidos y la conciencia del artista captan del entorno aquellos aspectos que, al común de los mortales, resultan imperceptibles. La mirada del artista carece de la simplificación que la vida práctica imprime en las cosas, pues, por lo general, vemos lo que nos rodea con miras a satisfacer determinadas necesidades, pero no miramos. Vemos lo útil que la realidad puede sernos. Captamos de los objetos su dimensión práctica. Es lógico, tenemos que desenvolvernos, obrar, conseguir, vivir, alcanzar.
El artista, mira de otra manera. Mira más allá. Percibe las "entretelas", el misterio, la armonía, la vida íntima de la realidad. El artista sabe mirar. Sabe mirar porque ama lo mirado.
Lo percibe como único, lo rescata en su radical individualidad. No establece entre las cosas los nexos de lo funcional y lo inmediato. Mira el fondo, sin crear las redes de las relaciones útiles. Sin pensar en el beneficio que las cosas le reportan, ve en ellas un sentido más profundo, más puro y originario.
Veo a Elsie mirar y adivino en ella esa mirada sabia. Es como si se esforzara por rescatar de la realidad lo más puro, como si escudriñara más allá de las apariencias y penetrara en lo esencial.
Si a ese modo de mirar suyo, le añadimos un saber hacer, dada su larga trayectoria en el manejo de los pinceles y su gusto por los colores, empezamos a entender su actual propuesta. Al cabo de más de veinticinco años de trabajo, nos topamos con hojas, aguas, raíces, tallos y bosques traducidos con gran solidez, fruto de una labor de síntesis que ha dejado atrás la vibración de la luz y la pincelada suelta.
Ahora el escenario se ha oscurecido, las formas se recortan claramente y la luz es menos directa, pareciera emerger de un lugar lejano. La perspectiva ha sido dislocada y recuerda la propuesta japonesa. Hay abismos que asombran y niveles acuáticos que inundan. Es ahora una atmósfera misteriosa que no rinde fácilmente sus enigmas. Por el contrario, el enigma, la magia y el misterio flotan en la superficie pictórica como hojas en el agua.
La incursión que Elsie ha hecho en la escultura ha afectado su pintura. Ha engrosado las formas y robustecido los trazos. Ahora presenta un volumen que antes no mostraba. Este proceso me recuerda la simplificación tan compleja que Gaughin emprende de las figuras. Su elementalismo estaba emparentado con una búsqueda de lo originario, sólido y directo. En sus pinturas había la serenidad del que sabe mirar. Esta pintora va por el mismo camino. Sus colores son ahora menos transparentes y más planos. Sus acercamientos al detalle, al percibir lo grande en lo pequeño, a la reelaboración de lo micro para llega a macros muy estilizados delatan la sinceridad de su búsqueda y denotan una armonía visual que, como decía al principio, sabe captar lo esencial a través de lo apariencial. La serenidad que infunden sus actuales lienzos no es improvisada.
No en vano pasa el tiempo, ni tampoco, en este caso, ha sido vanamente aprovechado. Wunderlich ha ido calcando su propio recorrido y veo en ella una calada madurez. Madurez que es fruto del saber mirar, del trabajo y del empeño con esta pintora ha tomado y retomado el paisaje.
s. herrera u.
octubre 2003

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