Con modesta pero firme convicción...

 

Con modesta pero firme convicción, sin más pretensiones que las que concede un trabajo honesto de agradable sensibilidad, Elsie presenta una colección de pinturas de apacible e íntima emoción. Sus ojos y su imaginación se recrean y regocijan ante la sinfonía de valores tonales que la naturaleza, en su sabia y rítmica armonía distribuye amorosamente ante quienes poseen un espíritu contemplativo y sienten con admiración el sublime encanto de su infinita belleza.

Elsie no se deslumbra ante paisajes de sinuosos planos y encontradas perspectivas, sinó ante pequeños detalles de poética y majestuosa presencia donde el cielo solo aparece en los reflejos de solitarios estanques adornados con plantas acuáticas y, más atrás, con cascadas de frondosa vegetación, pero en eso se distingue, esos estanques con flora acuática, esas cascadas, vegetales y esos reflejos celestes, solo significan el coro cromático que sirve de fondo, a manera de escenografía para resaltar los primeros planos donde el diseño y el color adquieren su mayor esplendor.

Este paisaje intimista, casi subjetivo, por su economía compositiva, la sobriedad de los espacios tonales y su contenido anímico, obviando los detalles urbanos, se acerca temerariamente a la abstracción, cuando reconocemos como abstracción la síntesis, la esencia, no la descripción superficial de los elementos que conducen la sensibilidad de la artista hacia un concepto claro, preciso, para definir y plantear sus argumentos plásticos, evitando los enigmas y mixtificaciones que requieran abogados literarios para defenderse.

La pintura, como arte visual, no necesita explicaciones ni justificaciones. Es lo que es, y su discurso se desarrolla con lógica espontánea cuando los ojos del espectador observan con inteligencia, no con curiosidad.

Cada pintor, cada artista, escoge o inventa la ventana donde puede ver lo que quiere ver o se imagina que ve.

La ventana donde Elsie se asoma no es saturada ni compleja; es simple, discreta, apacible, de un arrobamiento sostenido donde el espíritu se solaza en un ritmo cromático envolvente, creando un puente de afinidad entre la naturaleza perecedera y la naturaleza inmortal.

Elsie sabe lo que quiere, no se sobreestima ni se subestima; conoce su objetivo pero no se desespera por alcanzarlo; es paciente con impaciencia; respira aromas y esencias que enriquecen su sensibilidad, y cuadro a cuadro, comparte sus vivencias.

Sabe que pintar es un acto de convicción y amor que jamás debe sujetarse al gusto o al capricho ajeno.

No se angustia ni se desvela por descubrir propuestas pictóricas noveleras de dudosa originalidad ni vuelve a ver por encima del hombro con mal disimulado desdén la obra de los demás.

No lanza frases de caritativa adulación ni intercambia miradas significativas de complicidad con quienes jactanciosamente se ponen la etiqueta de dueños de la verdad y se ridiculizan constantemente sin advertirlo.

La pintura es un hecho concreto, no una especulación. Busca la idealización, no la cotización. Obedece a la verdad subjetiva, no a la mentira colectiva. Es una responsabilidad, no un entretenimiento.

Para aquellos elementos detractores de la pintura naturalista por considerarla "fuera de onda", que quizás suponen que en una sociedad de consumo el concreto puede suplantar a los árboles y a las flores, alguien escribió esta frase lapidaria que leí hace poco, no recuerdo donde. "El talento se repone fácilmente de un fracaso pero la mediocridad jamás se repone de un éxito"

Guatemala, mayo 1997

César Izquierdo