La mirada del artista hacia la realidad no es cualquier mirada.

"Fluyendo en la Luz" 24"X39" Oleo/lino Año 2,003

La mirada del artista hacia la realidad no es cualquier mirada. Los sentidos y la conciencia del artista captan del entorno aquellos aspectos que, al común de los mortales, resultan imperceptibles. La mirada del artista carece de la simplificación que la vida práctica imprime en las cosas, pues, por lo general, vemos lo que nos rodea con miras a satisfacer determinadas necesidades, pero no miramos. Vemos lo útil que la realidad puede sernos. Captamos de los objetos su dimensión práctica. Es lógico, tenemos que desenvolvernos, obrar, conseguir, vivir, alcanzar.
 El artista, mira de otra manera. Mira más allá. Percibe las "entretelas", el misterio, la armonía, la vida íntima de la realidad. El artista sabe mirar. Sabe mirar porque ama lo mirado.
 Lo percibe como único, lo rescata en su radical individualidad. No establece entre las cosas los nexos de lo funcional y lo inmediato. Mira el fondo, sin crear las redes de las relaciones útiles. Sin pensar en el beneficio que las cosas le reportan, ve en ellas un sentido más profundo, más puro y originario.
 Veo a Elsie mirar y adivino en ella esa mirada sabia. Es como si se esforzara por rescatar de la realidad lo más puro, como si escudriñara más allá de las apariencias y penetrara en lo esencial.
 Si a ese modo de mirar suyo, le añadimos un saber hacer, dada su larga trayectoria en el manejo de los pinceles y su gusto por los colores, empezamos a entender su actual propuesta. Al cabo de más de veinticinco años de trabajo, nos topamos con hojas, aguas, raíces, tallos y bosques traducidos con gran solidez, fruto de una labor de síntesis que ha dejado atrás la vibración de la luz y la pincelada suelta.
 Ahora el escenario se ha oscurecido, las formas se recortan claramente y la luz es menos directa, pareciera emerger de un lugar lejano. La perspectiva ha sido dislocada y recuerda la propuesta japonesa. Hay abismos que asombran y niveles acuáticos que inundan. Es ahora una atmósfera misteriosa que no rinde fácilmente sus enigmas. Por el contrario, el enigma, la magia y el misterio flotan en la superficie pictórica como hojas en el agua.
 La incursión que Elsie ha hecho en la escultura ha afectado su pintura. Ha engrosado las formas y robustecido los trazos. Ahora presenta un volumen que antes no mostraba. Este proceso me recuerda la simplificación tan compleja que Gaughin emprende de las figuras. Su elementalismo estaba emparentado con una búsqueda de lo originario, sólido y directo. En sus pinturas había la serenidad del que sabe mirar. Esta pintora va por el mismo camino. Sus colores son ahora menos transparentes y más planos. Sus acercamientos al detalle, al percibir lo grande en lo pequeño, a la reelaboración de lo micro para llega a macros muy estilizados delatan la sinceridad de su búsqueda y denotan una armonía visual que, como decía al principio, sabe captar lo esencial a través de lo apariencial. La serenidad que infunden sus actuales lienzos no es improvisada.
 No en vano pasa el tiempo, ni tampoco, en este caso, ha sido vanamente aprovechado. Wunderlich ha ido calcando su propio recorrido y veo en ella una calada madurez. Madurez que es fruto del saber mirar, del trabajo y del empeño con esta pintora ha tomado y retomado el paisaje.

S. herrera u.